Puede ser injertado en soja, maíz y trigo. Promete multiplicar rendimientos. El logro es de la bióloga Raquel Chan de Santa Fe
Sábado 5 de mayo de 2012 |
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El gen. | Fue descubierto en el girasol.
En un modesto laboratorio universitario, la bióloga Raquel Chan y su equipo de investigadores lograron aislar un gen resistente a la sequía que injertado en soja, maíz y trigo, promete multiplicar rendimientos en una verdadera revolución biotecnológica.
Al frente del Instituto de Agrobiotecnología de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), Chan coordinó el grupo de investigación que estudió el girasol y logró identificar entre su complejo genoma al gen HAHB-4, que lo hace resistente a la sequía y la salinidad del suelo.
Inoculados con ese gen, la soja, el trigo y el maíz "aumentan enormemente la productividad", señala la científica de 52 años, con una voz grave y monocorde que disimula su pasión por su trabajo.
Más productividad
Así, el grupo identificó el gen que otorga a los cultivos resistencia a la sequía. "Para los productores agropecuarios aumentar 10% la productividad ya es una maravilla y esto da bastante más, incluso en algún caso llegó a duplicarla. Lo que puedo asegurar es que en ningún caso la planta transgénica produjo menos que la no transformada", se entusiasma.
Según Chan, "cuanto peor es la condición climática, mayor es la diferencia a favor de la planta transformada respecto de la no transformada". Ser resistente a la sequía no significa que la soja crecerá en el desierto, advierte esta mujer afable, que recibe a la AFP en su laboratorio en el Día del Investigador, sin maquillaje ni guardapolvo blanco, y parece poco dúctil para enfrentar a las cámaras.
"Algo de agua tiene que tener. Se podrá cultivar en tierras con un régimen pluviométrico de 500 mm al año, que es muy poco y donde hoy no hay nada, claro que nunca serán la Pampa húmeda", admite la bióloga molecular.
El proyecto de investigación sobre "genes involucrados en el medio ambiente" que hoy rinde frutos inesperados que se estima se comercializarán en 2015, comenzó en 1993, año en que Chan regresó a Santa Fe tras doctorarse en Estrasburgo, Francia.
"Si nos hubiéramos propuesto encontrar el gen resistente a la sequía, quizás nunca lo habríamos encontrado. Llegamos casi por azar", señala en su pequeña oficina de dos por dos metros, con estantes repletos de revistas científicas.
Del otro lado del vidrio, en el laboratorio, jóvenes científicos investigan frente a los ventanales con vista a la laguna Setúbal de Santa Fe, una ciudad de 450 mil habitantes, 475 km al Norte de Buenos Aires. Tras un arduo trabajo que le permitió identificar el gen, siguieron años de pruebas en laboratorio inoculándolo en plantas herbáceas llamadas arabidopsis, cuya resistencia y productividad aumentó con el gen.
El paso siguiente de llevar el experimento a la soja, el trigo y el maíz exigía una inversión e infraestructura inalcanzables para la universidad, por lo cual se firmó un convenio con la empresa Bioceres, fundada por productores argentinos y especializada en agrotecnología, que ahora tiene la licencia del producto.
A su vez, la firma se asoció con la semillera estadounidense Arcadia, que prevé invertir 20 millones de dólares para comercialización del producto.
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