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César Franco y Claudia Galeano fueron ultimados por encargo y los instigadores nunca fueron castigados como tales

Cumplieron 25 años de pena por doble crimen y fueron liberados

Carlos Alberto Chagas y Carlos Retamoso salieron en octubre de 2011 del Penal de Loreto. El caso fue el 15 de septiembre de 1986 en Concepción de la Sierra. En el hecho, los sicarios se equivocaron de víctimas

Domingo 15 de abril de 2012 |

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  • Las víctimas. | Ella estudiaba magisterio y él estaba terminando el colegio. | Foto: Archivo El Territorio
  • Hallazgo de los cuerpos. | Los encontraron dos días después en un yerbal. | Foto: Archivo El Territorio
  • El auto. | El Ford Falcon fue señalado por el supuesto instigador a los sicarios. | Foto: Archivo El Territorio
  • Ricardo Rodríguez. Lo dijo a en 1986. | “Estoy seguro que el secuestro y asesinato se produjo por error. La confusión fue porque mi novia tiene un parecido físico con el de Claudia Galeano”
Posadas.  Hace poco más de 25 años, el doble crimen de Concepción de la Sierra conmocionó a la provincia y sacudió a la localidad. César Ramón Franco y Claudia Lucila Galeano, ambos de 21 años, fueron ultimados de manera salvaje la noche del 15 de septiembre de 1986, cuando estaban en el auto de un amigo en un camino vecinal. El crimen fue por encargo y la víctima original era el dueño del rodado. Pero los sicarios, Carlos Alberto Chagas y Carlos Retamoso, se equivocaron, cometieron un delito atroz y estuvieron 25 años tras las rejas por una condena a prisión perpetua, la que cumplieron en octubre de 2011, cuando salieron del penal de Loreto.
Chagas y Retamoso pagaron el precio que la Ley establece y ahora están en libertad. Pero en el caso hubo también injusticias, ya que el que en un principio fue acusado como instigador de los crímenes y el profesor de educación física que lo contactó con los asesinos a sueldo, nunca recibieron condenas, tras ágiles cambios de carátula y estrategias defensivas. Ellos son el empresario yerbatero Héctor Raúl Giménez y el profesor de educación física Carlos Blanco, quienes, según se supo, ya habrían fallecido.
Además, el expediente judicial también sufrió la incidencia de las influencias: la primera parte del expediente “se perdió” en manos de un abogado, aunque los pesquisas lo volvieron a realizar “pericia por pericia y prueba por prueba”. Y, según confesaron, la segunda edición salió mejor que la primera.

Un Ford Falcon blanco
Los asesinatos de Franco y Galeano se produjeron durante la noche del 15 de septiembre de 1986, y quince días después la policía apresó en Apóstoles a los changarines Carlos Alberto Chagas y Carlos Retamoso.
También fue detenido, en Concepción de la Sierra, el profesor de Educación Física Carlos Blanco. Días antes de las detenciones, Giménez ya había desaparecido y no consiguieron encontrarlo.
Según el expediente, a Chagas y Retamoso se les habría encargado el crimen. Ninguno de los dos llegó a concretar el trabajo. Los ejecutores habían equivocado el blanco: secuestraron y mataron a cuchilladas a las personas equivocadas.
Los changarines habrían declarado en la Justicia que habían sido supuestamente instigados por Giménez para matar a otro joven de Concepción, Ricardo Fabián Rodríguez. Eran los celos del empresario yerbatero los que habrían actuado como disparador; su exmujer estaba de amoríos con la víctima que no fue.
Rodríguez había prestado aquella noche su Ford Falcon a César Franco y Claudia Galeano. Los changarines habían pensado que quienes se encontraban en el auto eran Rodríguez y la exmujer de Giménez.
El expediente indica que Blanco, el profesor detenido, fue el encargado de buscar a quienes podían hacer el “trabajo sucio”. A los changarines se les había prometido 5 mil australes y un trabajo, pero nunca recibieron un peso y fueron a parar a la cárcel.

Los sospechosos
El primer sospechoso fue Giménez, quien después de haber estado cuatro años prófugo, fue arrestado el 26 de julio de 1990 en la localidad de Apóstoles.
Pero también en octubre de 1990, con el voto de los camaristas Ángel de Jesús Cardozo (aún en funciones) y Miguel Ángel Piñero (actual Procurador General), el empresario yerbatero Héctor Raúl Giménez salió en libertad después de estar unos meses detenido. Fue el cambio de carátula lo que benefició al hombre que en 1987 había sido imputado como instigador del asesinato de los jóvenes Franco y Galeano.
El cambio de carátula de “instigación al doble homicidio calificado” por el de “instigación a cometer el delito de lesiones” fue lo que salvó a Giménez de la cárcel.
Además, la jueza Norma Lampugnani, que estaba en aquel momento a cargo de la causa, tuvo que conceder la excarcelación del empresario y como el delito era menor se le disminuyó de 100 millones australes a diez millones el embargo que pesaba sobre los bienes de Giménez.
Por su parte, el profesor de educación física Carlos Blanco fue condenado a un año de prisión por “Instigación a cometer lesiones con exceso en el instigado”, hecho por el que estuvo un corto tiempo detenido.
“Sí, Piñero y Cardozo me dieron una mano. Se portaron muy bien conmigo”, admitió Giménez en 2006 a El Territorio.
También dijo que él no tenía nada que ver con la muerte de los jóvenes y que el único responsable de lo que había pasado era el profesor de gimnasia. Sin embargo, Giménez reconoció haber señalado a los changarines cuál era el auto de Rodríguez. “Yo estaba seguro de que se iba a tratar de un simple susto”, argumentó en su declaración.

Liberados
La causa fue instruida en 1986 por el entonces Juez de Instrucción Martín Errecaborde, hoy Camarista del Tribunal Penal Uno, y la fiscal de la causa, Demetria González de Cantero, en 1990 pidió que sean condenados a reclusión perpetua. Es decir, 25 años de prisión.
En octubre de 2011, tras estar detenidos más de 25 años, ya que fueron apresados en octubre de 1986, Carlos Alberto Chagas y Carlos Retamoso fueron liberados.
Esos años los pasaron en la Unidad Penal Uno de Loreto, donde pasaron por todas las fases del sistema carcelario sin ningún problema. Según fuentes del Penal, los detenidos no protagonizaron grescas grandes ni revueltas, por lo que tampoco tuvieron grandes sanciones.

Los familiares
Alicia Franco, madre del joven asesinado, fue la que más cerca estuvo de los avatares del expediente. Incluso hasta tuvo el coraje de ir a ver a Retamoso en la cárcel.
“Todos los testigos habían acusado a Giménez en la Comisaría y después cambiaron la declaración en la justicia”, señaló Alicia a El Territorio en 2006.
En esa oportunidad, la tía de la joven Galeano, Ema Godoy, narró que “Yo esa noche la esperaba y ella nunca llegaba. Cuando nos enteramos de lo que pasaba casi me muero de la tristeza, yo fui la que la crié. Era una chica muy buena y estudiosa”.
Según Ema, el abuelo de Claudia murió de tristeza. “Él siempre decía: Yo no lo voy a ver, pero el que queda va a ver el fin del loco Giménez”.

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