Apenas llegó le avisó al plantel que venía para subir. Las buenas, las malas y su futuro color franjeado
Miércoles 20 de junio de 2012 |
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El broche. | Teglia con la sonrisa a pleno el día del ascenso ante San Jorge y flanqueado por César Decamilli y cía. | Foto: Sixto FariñaLa euforia la saborea por dentro. Sólo apenas consumado el ascenso al Argentino A, en la cancha, supo fundirse en un abrazo con su cuerpo técnico. Después, otra vez eligió a la mesura como aliada, fiel a su estilo que lo caracterizó durante su estadía en la tierra colorada, ocasión en que se convirtió en el técnico de Guaraní que lo comandó al Argentino A.
El gris de la tarde en la costanera posadeña no opaca los conceptos de Daniel Teglia, quien con la compañía de su esposa Claudia y sus hijos Juan Manuel (19) y Tomás (17) -Pablo (26) y Sebastián (20) se quedaron en Rosario- acepta el mano a mano con El Territorio, luego de las horas de algarabía en el que la Franja recuperó su chapa de grande del Nordeste.
Es inevitable que el diálogo realice sus primeros pasos con la actualidad del fútbol argentino y, obviamente su querido Rosario Central, del cual supo formar parte como jugador y luego como integrante del cuerpo técnico del Patón, Edgardo Bauza.
“El club no tiene posibilidades de producir jugadores, que en esos clubes siempre te salva la gente de abajo. La categoría 81-82 eran diez, doce, quince contratos por año. Muchos jugadores que en camadas tan numerosas no salen”, destacó.
Y luego profundizó sobre el tema central, la etapa en que el joven debe contar con los mejores elementos para moldear una carrera que sabe de buenas y malas constantemente.
“Los chicos tienen que tener herramientas desde abajo para convivir con la presión, con lo que hoy significa ser jugador de fútbol. Sino (Darío) Cardozo no podría jugar, si no tiene un laburo previo, si no le enseñás. Si la consigna es que aprenda a manejarse en cuestiones tácticas y ponerlo bien físicamente no es suficiente. Tiene que tomar responsabilidades, aceptarlas, saber que está expuesto a todo eso y darle herramientas para eso. La confianza es algo que se consigue después de mucho tiempo de trabajo y tiene que ver con el trato diario, con realmente apoyar a jugadores en un proceso donde sufre grandes cambios. Donde tiene que entender que la agresión o el elogio son cuestiones externas”, graficó Teglia acerca de esta etapa.
Pasa también que los padres se olvidan que la educación va de la mano con el deporte…
Obvio. Muchos padres me dicen a mí, 'mi hijo no estudia más'. ¿Pero cómo? 'No, él ya juega al fútbol', dicen. Y ellos creían que tenían su camino asegurado. Ningún pibe tendría que dejar de estudiar, si el responsable no es la mamá o el papá, que sea el Estado o el club. Es una locura que un chico sea desertor de la Escuela secundaria y deje de pensar en función de ser autosuficiente, que eso también es importante. No sólo es lo que te enseñan en la Escuela, es todo lo que tiene que aprender para proveerte de tus necesidades. Eso es parte de los entrenamientos, sostenerte en cosas concretas y reales. Bueno, nuestra sociedad está cambiando mucho respecto de eso. Soy muy optimista, no sólo por este Gobierno, sino por el mensaje que están dando a nivel educación y participación popular. Y que clubes importantes empiecen a entender que funcionan como ejemplo, como modelo, que el éxito no es hacer un jugador millonario, sino que le pueda servir a los demás.
O sea que a partir de este logro ¿se puede moldear lo que proponés?
Es un incentivo. No es que lo propongo yo. Sería importante que gente más inteligente que yo pueda aprovechar estos ladrillos que son la alegría que da el fútbol, captar chicos, empezar a ver cuántas cosas se pueden hacer. El fútbol es un vehículo bárbaro para eso. Vienen porque quieren jugar, porque son hinchas, hacer cosas que sirvan para desarrollar valores, y Guaraní es popular de verdad, lo demostró el otro día, no esperaba eso. Primero tanta gente y después tanta alegría. Eso es genuino, esas cosas no se consiguen con dinero, la gente se pone contenta y festeja, esos son los privilegios del fútbol acá en Argentina. Ojalá sirva para el club.
Cuándo te llamaron, ¿tardaste mucho en decidirte?
Veníamos hablando hace un par de años. Lo conozco a Oscar Pérez, el papá de Charles, porque cuando dirigía a su hijo armamos una pensión en Central. Y el papá de Charles me decía ‘tiene que ir a Guaraní, a Guaraní’. Y nunca lo tomé en serio. Hasta que hace dos o tres años me llamó Osvaldo (Gutiérrez, el coordinador), por primera vez. Estaba trabajando en una Academia, le expliqué que no podía ir y este año se dio. Me gustó, era un desafío importante, porque tenés que demostrar y cuando estás cuatro años sin dirigir ya no existís más. Y por cuestiones de familia decidí que no era conveniente dejar a mi familia antes. Ahora que son más grandes (los hijos), creo que estos cinco meses fueron importantes para todos, para ellos crecer y para mí dirigir. Muy contento que haya sido acá por la gente.
¿Y costó demasiado?
Me había contado Osvaldo que habían algunos problemas, que había que detectar. Con el profe Daniel Bernard, un profesional de primer nivel, empezamos a ver si habían algunas cositas. Y empezamos a trabajar a full, de cero a 100, tres o cuatro días. Y los jugadores, tuvimos problemas al principio. Al profe le decían que estaba loco, que era mucho laburo, nos íbamos al club a las 7, volvíamos a la noche, y quedaron secuelas. Hasta que empezaron a sobreponerse a las cargas que eran altísimas. Algunos renunciaron y los sobrevivientes a darle y darle y no paramos más. Hasta antes del partido con Juniors no tuvimos un solo día de descanso. Todos laburaron y la familia de los jugadores los bancaron. Después, bueno termina un jugador con la rodilla rota y quería jugar. El Negro (Valdez) estaba desgarrado y se enojaba porque no lo ponía, Ponzio con el tobillo como una sandía y quería atajar. Esa respuesta de los jugadores te hacía confiar de que algo íbamos a conseguir, y eso nos hizo fuertes. Mentalidad positiva para construir y eso ayudó. El que nos ganaba tenía que hacer un esfuerzo excepcional.
Volvemos un poco al inicio, ¿te exponías o no?
Lo vas conociendo a los jugadores y tomás decisiones. Y cuando tomás la primera, la segunda tenés que afirmar eso y hacerte cargo…
¿Pero sabías que había material?
Sí, claro, hubo roces, durante todo este proceso. Discusiones con buena leche, ‘yo pienso así’, ‘yo pienso así’, pero decido yo. Tipos fuertes y con una hombría, después veías eso en la cancha. Con Cristian (Barinaga), con alguno más, hubo cosas; pero sabíamos, no era una convivencia feliz, pero lo importante era ganar, poner al mejor en la cancha y el laburo. El profe tiene un sistema donde cada mes se premia al que más puntos saca con los trabajos, y fueron rotando. Eso es un tema de laburo y fortalecer la cabeza. La decisión la toma el entrenador y cuerpo técnico y en la cancha se matan. Jugadores que terminaron en un nivel excepcional, Enzo (Bruno), Cristian, Gamarra, Ricky (Argañaraz), Darío, el Mudo (Ramos), Cosentino y así era todo. El que entraba no iba a fracasar.
Sin embargo una vez confiaste que te costó encontrar el equipo…
Sí, primero porque arrancamos con el Pájaro (Juárez), después Pablito (Ostrowski), hubo una serie de lesiones que nos interrumpieron ciertos procesos de sociedades; y cuando se pusieron bien Enzo y Cristian la empezó a meter y Ricky a triangular con ellos, ahí empezó a descansar el equipo. Y el Chueco (García Chamut) que volvió y por izquierda estaba Elián (Kopp), el Toro (Silva) que se recuperó y Germán que terminó en un nivel impresionante; no quiero olvidarme de ninguno, Darío Cardozo, el Mono (Salvatierra) que llegó para jugar de una cosa, y jugó de otra y siempre lo hizo bien, Mariano que fue una fiera, el Negro, Gonzalo; la exigencia de ellos y el compromiso. Y apareció el equipo. Y casi no nos generaban situaciones y podíamos jugar bien y hacer goles. Así terminamos el último partido: un equipo sólido que podía jugar y llegar al gol; es como me gustaría ver a los equipos; con hombres que sepan jugar, defender y ataquen y lastimen, eso, manejar los tiempos.
¿El mayor mérito fue que afuera no iban a ver qué pasaba?
Tuvimos problemas en Gualeguaychú. Le hacían faltas a los jugadores y tuvimos complicaciones para defender porque el árbitro les permitió cualquier cosa. Pero después sabíamos que podíamos llegar, el equipo se plantó siempre así y la agarraban Cristian con Enzo y te pintaban la cara, son jugadores con Ricky, como mínimo de Nacional B. Muy inteligentes, agresivos, fue un honor tenerlos en el equipo.
¿Y hubo momentos duros?
Cuando volvimos de Córdoba, después de perder con Juniors, fuimos a la cancha, charlamos, nos llevó un día, dos, tres, aclarar cosas, aclarar objetivos, con diferencias pero de frente. Y eso nos llevó a una actitud de alerta en todos. El esfuerzo que hicimos, el deseo de no defraudar, hubo momentos difíciles. En cinco meses veo sólo eso. Después toda la gente atrás, cuando digo que fue un triunfo de muchos no es para quedar bien. A Guaraní lo hace un grupo de personas.
¿Te queda como bonus que en la categoría Guaraní siempre propuso jugar?
De arranque propusimos y después una suerte que fueron los tucumanos, que también intentaron jugar, me pareció un equipo noble San Jorge. Y nosotros creo que salvo Mandiyú y Juniors allá, superamos a todos los rivales siempre. En la intención por lo menos, después en el juego tuvimos altibajos. En lo global fuimos superiores al rival y eso no es fácil conseguirlo. Ese fue el mérito más importante: la personalidad para que los obstáculos no te avasallen. Y este es un buen plantel, después con los refuerzos y todo…
En lo personal, hubo un momento en que ¿caminabas por las paredes?
Si (alargado). Problemas de salud, hablar con mi hijo allá, o mi esposa acá y no estaba con ellos. Muchas veces pensé ‘qué estoy haciendo acá, mi familia allá’. Por eso, parte de la continuidad tiene que ver con este ida y vuelta de que pueda estar más tiempo en Rosario, porque estos cinco meses fueron larguísimos. En estos 160 días estuve dos días en Rosario y no es bueno eso, no tenés la cabeza despejada, yo necesito alimentarme de otras cosas.
¿Se da por hecho tu continuidad?
Tenemos ofertas con el profe, por respeto no se la hicimos saber a nadie; es más, ni las vamos a atender hasta que no tengamos algo definido con el club. Y ofertas importantes, mirá más arriba y del exterior. Mucha gente pensó que no dirigía más, y esto sirvió para eso. Ahora la prioridad es Guaraní. Me cayó muy bien Roberto (Enríquez, el gerenciador) porque es serio, prudente; tal como se dieron las cosas, él las planteó en su momento. Y para mí eso es importante y te quedás tranquilo, eso tiene un valor agregado, de estar a gusto, y acá lo siento.
Si el Argentino B se volvió vidriera, del A ni hablar…
Si, impresionante. Ramacciotti terminó de arreglar en San Martín de Tucumán, Talleres de Córdoba. Planteles y jugadores, con pasado en primera división. El fútbol argentino se hizo competitivo en ese nivel, donde hay grandes fluctuaciones desde la primera a la tercera categoría, donde un gran equipo como Tigre, en la tercera categoría no para de ascender y hoy está por salir campeón. Entonces, con una mentalidad y un proyecto y jugadores hoy pelea el campeonato. Y Guaraní puede hacer lo que proponga.
¿En qué lugar guardás este ascenso?
Para mí fue una apuesta fundamental. El primer día le dijimos que veníamos a ascender o no servía lo que hacíamos. Fue un desafío muy duro porque si nos iba bien había que replantearse, por lo menos yo, si iba a seguir dirigiendo. Y creo que para laburar con Daniel cerramos un semestre bárbaro y le agradezco a él, a lo mejor más que a nadie, porque todos los que estuvimos adentro del club saben de la incidencia que tuvo.
Cerró todo y viajó a Rosario
Daniel Teglia confió que la prioridad era Guaraní. Y ayer, antes de partir a Rosario, terminó de abrochar su continuidad en la Franja para el Argentino A.
“Prácticamente está cerrado”, sugirió ayer a este medio el presidente César Decamilli.
El técnico estuvo reunido con el gerenciador Roberto Enríquez y acordó lo “grueso” de su continuidad; sólo restan cerrar detalles que no son “ni diferencias”, según la palabra del propio DT.
La pretemporada arrancará en julio y Teglia tiene en mente jugar entre siete y ocho amistosos con equipos de Primera y B Nacional como mejor medida.
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