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Domingo 19 de junio de 2005

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Propuso la fundación de una escuela de matemáticas

Manuel Belgrano: algo más que el creador de la Bandera

Periodista, economista, militar, político, revolucionario, hombre de vida humilde, tuvo la fundamental tarea de establecer las primeras instituciones educativas y culturales del país

Domingo 19 de junio de 2005 |

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Manuel Belgrano. | En su homenaje, se estableció el Día de la Bandera el 20 de junio, fecha de su muerte, ocurrida en 1820.

BUENOS AIRES.  Algunas investigaciones le confieren a Manuel Belgrano una estatura de jefe del Ejército Revolucionario y victorioso militar, superior a la del general José de San Martín.
Entre lo que jugó en su contra para el status quo de la época y ser considerado el verdadero “Padre de la Patria”, fue no haber tenido una familia constituida, ser padre soltero (se habla de entre dos y tres hijas de diversas madres) y el vestir con poco más de avanzada que la conservadora sociedad criolla.
Si bien los textos escolares lo recuerdan como el “Creador de la Bandera Nacional” y uno de los más importantes jefes del Ejército revolucionario, a Belgrano le vale también una fundamental tarea que fue la de establecer las primeras instituciones educativas y culturales del país. Por eso también, cada 20 de junio las escuelas del país le rinden homenaje en el día de su fallecimiento.

Historia
Nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770 y murió también en esa ciudad el 20 de junio de 1820. Creció en el seno de una acomodada familia porteña, la del comerciante italiano Domingo Belgrano y Pérez (o Peri) y la criolla María Josefa González Casero.
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano se educó en el Real Colegio de San Carlos con la mejor formación que podía encontrarse en la colonia a fines del siglo XVIII, donde aprendió junto a las primeras letras “la gramática latina, filosofía y algo de teología”. Partió luego a España, a estudiar leyes en Salamanca, Valladolid y Madrid, para recibirse de abogado. Por esa época, se perfiló ya como un intelectual más preocupado en los asuntos económicos que en el estudio de leyes.
En su autobiografía expresó: “Confieso que mi aplicación no la contraje tanto a la carrera que había ido a emprender, como en el estudio de los idiomas vivos, de la economía política y al derecho público”.
Estando en España, se desata la Revolución Francesa y el joven argentino se ve envuelto por las ideas iluministas.“Se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le había concedido, y aun las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa o indirectamente”, expresa en su autobiografía.
En 1793 fue designado Secretario perpetuo del Consulado de Buenos Aires, un organismo con funciones económicas y técnicas, relativas al comercio y la producción. En este rol, Belgrano desarrolló una ardua actividad en la promoción de la industria colonial, de la mejora de la producción agrícola y ganadera, y de las formas de comercio.

Fiel a sus ideales
Pero en Buenos Aires, Belgrano se encontró con la más profunda desorganización y con hombres “que anteponían sus intereses particulares al del común”.
Es así que apuntó su prédica a crear en el Virreinato diversas instituciones educativas y propone la creación de una escuela de matemáticas, y otras de diseño y de comercio. No obstante, sus propuestas fueron rechazadas por el desinterés de las autoridades virreinales.
Sin embargo, por su iniciativa nació en 1799 la Escuela de Geometría, Arquitectura, Perspectiva y Dibujo, que se fusionó poco después con la recién creada Escuela de Náutica. En el Reglamento, Belgrano le dio derechos igualitarios de educación a los indios (tanto como a criollos y españoles) y ordenó cuatro vacantes para huérfanos, mostrando así las altas consideraciones sociales que se gestaron en Europa.
Como homenaje al militar que se hizo a sí mismo, al líder independentista, al economista difusor del verdadero liberalismo de Adam Smith, al periodista el Telégrafo Mercantil, vaya este párrafo del discurso de 1802 del Belgrano educador, acerca de lo que esperaba de la escuela.
“...Sabéis que de aquí van a salir individuos útiles a todo el Estado y en particular a estas provincias; sabéis que ya tenéis de quién echar mano para que conduzcan vuestros buques; sabéis que con los principios que en ella se enseña tendréis militares excelentes; y sabéis también que hallaréis jóvenes que con los principios que en ella adquieren, como acostumbrados al cálculo y a la meditación”, dijo. Y agregó que “serán excelentes profesores en todas las ciencias y artes a que se apliquen, porque llevando en su mano la llave maestra de todas las ciencias y artes, las matemática, presentarán al universo, desde el uno hasta el otro polo, el cuño inmortal de vuestro celo patrio”.





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