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Miércoles 2 de julio de 2008

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Opinión

Día del trabajador social

Miércoles 2 de julio de 2008 |

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 El 2 de Julio es nuestro día. El día de los Trabajadores Sociales,  así que a todos los colegas, mis saludos y felicitaciones. No podía, ni quería, dejar pasar la oportunidad de reflexionar acerca de algo que hace rato me preocupa y ocupa. La necesidad de visibilizar y resignificar la dimensión política, como constitutiva de nuestro campo disciplinar.
¿Cuál es la vinculación entre el Trabajo Social, la política y lo político? ¿Se puede pretender transformar la realidad, o al menos pensar en ella, por fuera de la política? ¿Se puede hacer política sin saberlo? ¿Se puede hacer Trabajo Social sin política?
En primer lugar, como sostiene Margarita Rozas, los trabajadores sociales intervenimos en las manifestaciones de la cuestión social, que generalmente toman la forma de problemas sociales, pero éstos son en realidad problemas políticos, porque son el resultado de decisiones políticas. Que un niño se muera por desnutrición, que alguien no tenga trabajo, que alguien sea analfabeto, no es producto de un mandato divino, tampoco resultado del azar, de la casualidad o del infortunio. Muy por el contrario, alguien decidió dejar morir a ese niño, privar de trabajo a aquel hombre o mujer o cercenar el derecho a la educación.
El trabajador social, aunque no lo sepa, es un claro agente político y lo que hace es una práctica política, en palabras de Gramsci. Es indudable que toda intervención es una práctica política, porque nos involucramos en problemas políticos, que toman la forma de problemas sociales. Lo político se expresa en esta confrontación y lucha por transformar la realidad en la cual intervenimos.
La dimensión política es fundante y constitutiva de nuestra profesión. “No elegimos hacer política, ella está y nos atraviesa”, como sostenemos en el reciente documento de la Federación Argentina de Asociaciones Profesionales del Servicio Social (FAAPSS).
Nuestra intervención nunca es neutra y siempre tiene consecuencias en otros sujetos. Trabajamos con ciudadanos con derechos vulnerados, con el padecimiento subjetivo de esos sujetos, con “nudas vidas”, como diría Agamben. Esto nos obliga a posicionarnos ideológicamente desde un trabajo social comprometido, crítico y emancipador.
¿Qué compromiso? En primer lugar, con nosotros mismos y con nuestra profesión. Esto implica poner el cuerpo, ocupar espacios, capacitarnos, actualizarnos.
En segundo lugar, con los otros, con aquellos que cotidianamente nos abren las puertas de sus casas y comparten con nosotros su intimidad y sus vidas, con la esperanza de que este “asistente social”, como nos denominan frecuentemente, sirva para disminuir de alguna manera el sufrimiento que padecen.
¿Por qué crítico y emancipador? Porque la crítica, en el sentido de reflexión, como lo sostiene Ricardo Forster, “es un recurso indispensable e impostergable ante las exigencias del presente”, que nos permite interpretar la complejidad y descubrir los significados presentes en la singularidad de cada intervención profesional. Pero también nos permite construir un nuevo horizonte de sentido para la profesión, desde un posicionamiento político e ideológico.
Se trata de pasar del mero involucramiento y reflexión a un Trabajo Social “preformativo”, según la expresión de Denzin, en el sentido de crítica social emancipadora, cuyo objetivo es la acción política y la transformación social.
Esta nueva forma de concebir y hacer Trabajo Social en Argentina, requiere esfuerzo y construcción colectiva, no sólo individual. Requiere un nuevo perfil de formación, perfeccionamiento y/o actualización profesional, que incluya no sólo la dimensión teórica y metodológica, sino también la dimensión político-ideológica.
Requiere también que ocupemos los distintos espacios institucionales como espacios estratégicos de lucha política. Requiere que nos hagamos cargo de nuestros discursos y de nuestras prácticas, de nuestros aciertos y errores, de nuestras verdades y falsedades, de nuestras competencias y mediocridades. En fin, aceptar el desafío de construir nosotros una historia distinta y no sólo criticar o resignarnos ante la historia que otros construyeron.
Quiero terminar refiriéndome a la imperiosa necesidad de recuperar la utopía de aportar a la construcción de un mundo más justo y humano. El Trabajo Social es fundamentalmente humanizante. Cultivar en nosotros, en nuestras relaciones sociales, en el colectivo profesional, el derecho a soñar. Quien no sueña con lo nuevo, ciertamente nunca conseguirá construirlo.


Silvana Martínez
Licenciada






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