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Jueves 26 de Julio de 2007 - 19:49 hs.

Sociedad

Las discográficas exploran alternativas para frenar la piratería

"Intentar reprimir un fenómeno social, como lo es la libre difusión de la música por Internet, es inútil. Es una respuesta antigua, de viejos que no entienden de nuevas tecnologías, a un problema de mercadeo actual."
El autor de la frase es el compositor y productor musical Daniel Melero, quien a contrapelo de la industria discográfica, dice –provocativamente– que la piratería no representa una amenaza a su actividad. Por el contrario, este artista está convencido de que la mejor manera de derrotarla es reconvertir los negocios y buscar formas alternativas de difusión y comercialización de contenidos.
Un debate parecido toma cuerpo entre las empresas de software y las editoras de video. Es sabido que copiar una obra sin permiso es un delito penal, ya que viola la Ley de Propiedad Intelectual. Las denuncias crecen cada año, pero los índices de piratería, según reconocen las propias compañías, no bajan. Las cámaras empresarias estiman que el 60% de la música, el 70% de los videos y cerca del 75 %de los programas informáticos que circulan son truchos.
En la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (CAPIF), que representa a la industria musical, sostienen que todas las acciones antipiratería hoy son pruebas de laboratorio. "Creo que hay que comprender las nuevas tendencias con respecto al acceso de bienes. Cuando saquemos ese ADN vamos a poder encarar una acción que se pretenda exitosa", admite su director, Javier Delupí.
La CAPIF, el año pasado, realizó 750 acciones judiciales. Sin embargo, Delupí sostiene que la solución de fondo pasa por otro lado: "Hay que probar modelos de negocio que satisfagan al consumidor", dice.
Al igual que muchos otros, el ejecutivo entiende que la batalla tiene una lógica de mercado: la intención es otorgarle al disco original más valor agregado para diferenciarlo del disco trucho. Entradas a recitales, material inédito de ensayos, posters o descargas gratuitas, son recursos válidos y difíciles de reproducir ilegalmente.
Convencido de que el negocio de las disquerías se debería reconvertir, Pablo Morales, director de Musimundo, la principal cadena de música local, afirma que para evitar las falsificaciones hay que encarar acciones simultáneas, sin descartar la vía juicial. Pero cree que estas acciones deben encararse sólo contra quienes lucran ilegalmente.
A juicio de Morales, "una buena herramienta es la baja de precios. Los estudios demuestran que cuanto más caro es un producto, más alto es el índice de piratería". Delupí, alarmado, retruca: "Con ese criterio, la piratería de perfumes caros debería ser altísima. Son cosas mucho más complejas, cualquier análisis de regla de tres simple no funciona".
En otras partes del mundo, como EE.UU.y Europa, gana terreno la descarga de temas por la Web. Pero ese escenario, en la Argentina, parece bastante lejano por el bajo nivel de penetración de la banda ancha.
En el país hay cerca de 1,6 millón de usuarios, según datos de Cisco System, es decir, poco más de cuatro cuentas por cada 100 habitantes. Lo que sí funciona es el negocio de los ringtones para celulares, ya que la telefonía móvil cuenta hoy con 35 millones de usuarios.
Toing, una de las firmas líderes del rubro, que facturó 24 millones de pesos en 2006, registró en marzo de este año cerca de 1,4 millón de descargas pagas de canciones y wallpapers. Su CEO, Fabián de la Rúa, cuenta que hace dos semanas ya funciona un portal exclusivo para que grupos locales desconocidos puedan comercializar sus propios contenidos. "Ya tenemos 190 bandas registradas, que percibirán un 10% de las ventas.
Marcelo Monteros, de Software Legal, dice que apuestan a concientizar acerca de la importancia del uso de programas originales. "La campaña tiene tiempos más largos, es un trabajo a varios años ", comenta.
(Clarin)