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Jueves 6 de Agosto de 2009

Opinión

El Día del Veterinario, su importancia

Se impuso esta fecha del 6 de agosto, porque en ese día se inauguró, en 1883, el Instituto Agronómico y Veterinario en Santa Catalina, provincia de Buenos Aires. Constituyó la primera escuela de estudios superiores de esas dos especialidades en el país, cuyo mentor fue Dardo Rocha, el constructor de la Ciudad de la Plata.
  Siete años más tarde, en l890, la profesión cobró vuelo al ser trasladada de Santa Catalina a la Plata, pero ya con el rango de Facultad de Agronomía y Veterinaria. Desde ese momento, por siempre y para siempre,  se erigió con el devenir del tiempo en el primer eslabón del rosario de otras tantas casas de altos estudios creadas a lo largo y ancho del país. Ya sea en Universidades del Estado o en las Privadas, como manera de responder con ofertas de profesionales la necesidad de atender no solamente las cuestiones sanitarias del país, también la infinidad de ramificaciones conexas de la producción agropecuaria primaria y su transformación en el proceso industrial de la cadena alimentaria.
Esta fecha recuerda, además, el día de nuestros primos hermanos, los Ingenieros Agrónomos. Y es de admitir, en épocas idas, hubieron activistas que tuvieron la intención de separar el día del Veterinario y del Agrónomo, como acontece en otros países de poca tradición agropecuaria, y conmemorarlo en fechas distintas. En Argentina no tiene sentido. Las profesiones nacieron juntas, se criaron juntas y juntas seguirán en el surco hacedor de la producción de los alimentos y controles agropecuarios. Es una simbiosis. No se pueden separar. No existe una planificación de la rama agropecuaria, la madre de todas las producciones en el país, sin el concurso de ambos. Esto es así y seguirá siendo así. Por eso, en 1983, se impuso como ley la fecha del 6 de agosto como el día del Veterinario y del Ingeniero Agrónomo.
¿Y que es el Veterinario? Según la Real Academia Española es la persona que se halla legalmente autorizada para profesar y ejercer la Veterinaria. El origen de la palabra proviene del latín veterinarius. Según Catón, el escritor (234/149 adC), era el sujeto conocedor de la veterinae o veterina, es decir las bestias de carga. El nombre de estos animales provenía de vetus (viejo) porque se trataría de animales envejecidos y, por ende, no aptos para las carreras ni carros de guerra y solo útiles para el transporte. Otros afirman que veterina procede del verbo veho, vehere, de donde deriva vehículo, que significa precisamente transporte.
En nuestra provincia los veterinarios se encuentran agremiados merced a la ley 520/75 que crea el Consejo Profesional. El estatuto fue redactado cuando apenas se alcanzaba la docena de  pofesionales por una comisión integrada por los doctores: Abelardo Albornoz, Horacio Delpietro y quién esto escribe; corregido y mecanografiado por Marta Bauch, Marilú Duarte y Alba Salomone, todas empleadas de la Dirección de Ganadería y quienes, además, se encargaron de rastrear antecedentes de otras provincias en una época que no había fax ni correo electrónico. En  1969 se hace entrega al Gobierno de facto de aquel entonces para que remitieran al Gobierno Nacional y estos dieran su visto bueno. Hay que recordar que todas las leyes en las provincias argentinas de aquellos años salían por decreto-ley previa aprobación del Gobierno Central. Y ésta, de los Veterinarios, no sería una excepción.
Como se presumía la misma fue rechazada, pues de antemano se sabía que tal solicitud contrariaba el orden de centralizar y unificar a los profesionales tras el Consejo Nacional de Veterinarios con asiento en Capital Federal, de fuerte peso en el gobierno que, a su vez, obligaba a la matriculación en esa asociación para ejercer la profesión en aquellas provincias carentes de gremios. Fue entonces que debió esperarse hasta la venida de la democracia en 1973 para pretender su vigencia. El mismo proyecto fue entregado al diputado Antonio Brousse, quien lo presentó a la Cámara Legislativa Provincial, cuerpo que aprobó sin mayores inconvenientes. Es la ley que rige en el presente con algunas modificaciones modernas.
De esta forma, el Consejo Misionero, allá por los ochenta, fue miembro integrante de la formación de la Federación Veterinaria Argentina (Feva)  como no sucedió con otras provincias de importancia ganadera por carecer de gremios, como nuestra vecina Corrientes por ejemplo.  Cuando la Feva se institucionalizó agrupó a todas las asociaciones menores del interior del país haciéndolas fuerte y, a cambio, se robusteció en reciprocidad para ejercer representaciones donde fuera necesaria. Lamentablemente la situación cambió, y hoy está debilitada debido al retiro rupturista de otras provincias por desavenencias gremiales. Hecho nada raro en asociaciones y en los partidos políticos en Argentina cuando la emoción y las conveniencias personales superan la razón y el interés general, y se astilla debilitando su espíritu de cuerpo.
No obstante, es cada vez mayor el rol del Veterinario en la actual Sociedad globalizada donde han caídos todos los muros restrictivos del comercio mundial, menos el de las barreras sanitarias. Es cuando cobra mayor dimensión su presencia, más aún, con la vulneración de espacios biológicos donde su autoridad profesional se vuelve indispensable. Allí  hace ver que el arco de su incumbencia va desde el área de la sanidad animal hasta el desempeño en el campo agroindustrial; del sector ganadero al control y conservación alimentaria; de la producción de sueros y vacunas al uso de pesticidas; desde la medicina preventiva y curativa de los animales útiles al hombre a las zoonosis; y hasta de las relaciones higiénicos sanitarias y del cuidado del medio ambiente. Todos temas o divisiones especiales, amparados por leyes que obligadamente debe cumplir y hacer cumplir.
Sea pues, una feliz conmemoración, extensiva a los Ingenieros Agrónomos.

Rubén Emilio García
Doctor en Ciencias Veterinarias


Golpe al corazón del modelo

Entre la reunión en la Casa Rosada y la inauguración en Palermo quedó claramente expuesto el centro del debate entre el campo y el Gobierno.
El trasfondo de una nueva crisis fiscal. Después de un fenomenal y multimillonario ingreso de divisas, en el inicio de este siglo, como nunca lo tuvo el país en sus 200 años, la Argentina vuelve a caer en otra debacle económico-financiera.
Este es el punto de inflexión. Entre la negativa de la administración Kirchner a bajar las retenciones y el persistente reclamo del campo, yace escondida la crisis fiscal. El meneado argumento de los superávit gemelos es una quimera. El desorden presupuestario y la parálisis económica son pruebas contundentes.
“Que me diga la Mesa de Enlace de dónde salen los recursos para reemplazar el ingreso de las retenciones”, replicaba una y otra vez el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. Cómo si no fuera tarea del jefe de gabinete el manejo presupuestario, Fernández intentó deshacerse del hierro caliente que muestra la situación de caja.
El presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, recogió el guante y contrarrestó. Cansados como cualquier agente económico -grande, mediano o chico-, los hombres de campo pusieron en letras de molde el trasfondo del problema.
El Estado, un predador insaciable, insensible ante productores arruinados, ineficiencia, políticas equivocadas, voracidad fiscal, provincias humilladas mendigando lo que producen, fueron algunos de los estiletes punzantes que lanzó Biolcati, en nombre de la producción. En otras palabras, lo que todos los hombres de negocio dicen en sordinas pero que todavía no se animan a vociferar.
El Gobierno había tratado en vano de mostrar números que probaran que se había ayudado al campo. La ministra de la Producción, Deborah Giorgi, de manera casi obsesiva, se ocupó de lanzar cifras de aportes que se realizó al sector agroindustrial y que totalizaron 21.700 millones de pesos -unos 5.650 millones de dólares-, una cifra que contrastó fuertemente contra una transferencia de recursos calculada en 30.000 millones de dólares, según Biolcati.
Si hoy el país está inmerso en una nueva crisis fiscal, ¿dónde fueron a parar los casi 25.000 millones de dólares restantes? Una pregunta que en el Gobierno nadie sabe contestar.
En el entramado de la crisis fiscal, yace otro de los fracasos del modelo y que constituye el corazón de la liturgia kirchnerista: la redistribución del ingreso.
¿Cómo es posible que con tantos recursos y con tanto alimento que produjo el campo, todavía haya gente comiendo de los tachos de basura y el 27 por ciento de la población se encuentre en la pobreza? Por qué las provincias deben humillarse mendigando el dinero que produce el campo?
En otras palabras, el modelo basado en que el interior, y especialmente la Pampa Húmeda, debe financiar las ineficiencias de la burocracia y el clientelismo del Gran Buenos Aires, parece haber llegado a su fin. El presagio de un Bicentenario, festejado con asado, pan y leche importados abre un abismo entre el Gobierno y el campo, a pesar de que ambos sectores manifiesten un apetito dialoguista.
Los últimos días han dejado en claro que en la Argentina se hablan distintos idiomas y la falta de consenso deja al Gobierno en la desolación, endeble frente a una crisis que lo desborda y sin muestras de reacción.


Miguel Angel Rouco
DyN